viernes, 30 de julio de 2010

LOS MALESTARES ACTUALES EN LA CULTURA: LA ANOREXIA

Velocidad y presión para alcanzar ciertas posiciones, tanto por la competencia como para sobrevivir, los ideales personales, ideales familiares y exigencias socioculturales han acentuado desde nuestro registro significativamente la incidencia de diversas problemáticas, entre otras la de los trastornos de la alimentación.
Anorexia-Bulimia. Estos y entre otros son los malestares actuales en una cultura donde las dificultades para la realización personal, se hacen cada vez más evidentes.

El sujeto de hoy no es el mismo que hace cincuenta años. Hay síntomas nuevos. El hombre actual dispone de una enorme cantidad de objetos para disipar la falta.

En nuestros días, la ciencia y la tecnología parecieran ocupar el lugar de amo que nos comanda. La ciencia busca borrar el resto, lo que no se sabe, negar la muerte como parte de la vida y desconocer que lo muere es un sujeto, no un conjunto de órganos.
En el caso de la anorexia, es una mujer una vez la que denuncia que algo de ese orden no funciona. Recordemos que antes fue la histérica.

Padecimientos del hombre contemporáneo, a los que el psicoanálisis no está ajeno y cuya reflexión nos permite una contribución desde el mismo.

Y si bien desde el psicoanálisis la pensamos en torno a la significación del síntoma “anoréxico”, no significará abandonar la pregunta esencial alrededor de la naturaleza sintomática de la anorexia.

Se trata más bien de un intento de dilucidar el sentido psicopatológico de la manifestación anoréxica.

De este modo lo abordaré desde un campo psicopatológico:


LA ANOREXIA HISTÉRICA CENTRADA EN EL CONCEPTO DE DESEO INSATISFECHO

Voces que cuentan, palabras que dicen de la relación con un cuerpo sede y lugar de sufrimiento; este es el escenario donde se despliega el drama. El sujeto no se reconoce en ese cuerpo que habita, quiere otro, este se ha convertido en un enemigo que impone su anatomía, su forma, su sexo, su límite. Una identidad donde la pregunta no es sólo ¿quién soy? Sino que involucra la existencia misma.

Desde el psicoanálisis el origen de la sexualidad humana da cuenta de la estrecha relación madre-hijo. Como dice Freud: “…no es ninguna casualidad que el niño a pechos de su madre se haya convertido en el prototipo de toda la relación amorosa…”

Hoy sabemos escuchar la anorexia a partir del concepto de deseo insatisfecho: ¿que es ese deseo? ¿Qué quiere decir insatisfacción del deseo?

El deseo de define como una aspiración jamás realizada, porque el fin buscado es un fin imposible: el del incesto. El deseo es siempre deseo incestuoso de poseer el cuerpo de la madre (para el niño) el o de tener un hijo del padre (para la niña), sin lograrlo jamás. El resultado es pues la insatisfacción.

Ahora bien, la insatisfacción del deseo incestuoso se traduce mentalmente por una producción suplementaria: la de la alucinación mental. ¿Qué alucinación? La alucinación del deseo.

Esto es: el sustituto de la posición incestuosa del cuerpo materno.
¿Qué pasa con la anoréxica?.
Rechaza ese estado dúplice que reconocemos en el niño de pecho, satisfacción de hambre e insatisfacción de deseo.

Quiere la insatisfacción reine por todas partes, que sólo haya insatisfacción, tanto de la necesidad fisiológica como del deseo.

¿Qué nos dice entonces la anoréxica? : “No quiero comer para satisfacerme y no quiero satisfacerme para estar segura de que mi deseo permanece intacto y no solamente el mío sino también el de mi madre”

Detengámonos aquí y examinemos brevemente la problemática edípica,
Para Freud el Edipo es un fenómeno universal que se encuentra como eje a lo largo de toda su obra, hasta que en 1923, en la “Organización genital infantil”, con la introducción del concepto de falo, adquiere un significado teórico definitivo.

En 1931 en “Sobre la Sexualidad Femenina” dice
“…la fase pre-edípica de la mujer alcanzaba una significación que no le habíamos adscrito hasta entonces. Puesto que esa fase deja espacio para todas las fijaciones y represiones a que conducimos la génesis de las neurosis…la mencionada fase de la ligazón madre deja conjeturar un nexo particularmente íntimo con la etiología de las histerias, lo que no puede sorprender si se repara en que ambas, la fase y la neurosis se
encuentran entre los caracteres de la femineidad…en esa dependencia de la madre se halla el germen de la posterior paranoia de la mujer.
…la fase de la ligazón madre exclusiva, que puede llamarse pre-edípica, reclama entonces una significación muchísimo mayor en al mujer que no le correspondería al varón…”


Plantea, entonces que se trata de una relación intensa y de exclusividad con la madre, el padre queda excluido.

La diferencia con el varón que también atraviesa esta fase, es que a la niña parece serle más difícil abandonarla, además de su intensidad, se prolonga más en el tiempo: “…era preciso admitir la posibilidad de que cierto número de personas del sexo femenino permanecieran atascadas en al ligazón madre originaria..:”

Lacan por su parte dice: “…las madres tienen un carácter mortífero y muy especialmente en las relaciones madre-hija…ya que la Imago materna es mucho más castradora que la Imago paterna…”

Ambos autores coinciden en la idea de las hijas capturadas en un vínculo con sus madres, considerado estragante, devastador, este vínculo parece ser un terreno fértil para la aparición de trastornos orales.

Se intenta comprender la anorexia no desde la perspectiva de que la niña no come, sino que come nada, es decir, en la medida en que han sido colmadas las necesidades, la anorexia no soporta que cualquier demanda sea interpretada como necesidad.

Como hay anticipación del Otro a la articulación de la demanda, se rechaza el don para tener espacio de demanda y salvaguardar el deseo. Así, es necesario comer nada para mantener vivo el deseo.

Para la anoréxica comer significa ceder a la omnipotencia materna que impone un objeto real: la comida y reduce el ser alimentado a un ser de necesidad, cuando se niega a comer, lo que quiere son palabras que la inscriban en una historia como ser de deseo y no de necesidades.

Esto puede ser ejemplificado con el fragmento de un caso donde una paciente (Sandra) pide desesperadamente que la madre desee otra cosa. Que desee algo más que a ella. Esta madre es una madre que, salvo para darle de comer, demuestra poco interés por el padre, nada de deseo. Es una madre a la que Sandra, le resulta imposible unir a la palabra mujer. Ella dice: “mi madre es exactamente lo que no quisiera ser”.

Es una madre que se queja de su incompletud, que destaca cualidades del padre como padre pero lo degrada como hombre.

Sandra también se pregunta ¿qué es ser mujer?, respuesta que no encuentra ninguna referencia en la madre, ninguna mirada que pueda remitirla al misterio de la femineidad y el deseo, pregunta que está coagulada su síntoma como la desaparición de la menstruación que ella asocia con “he dejado de ser mujer”.

Este “he dejado de ser mujer” la deja colocada en una especie de terreno de nadie: “no soy mujer pero tampoco soy hombre”.
“¿Qué soy?”.

Que la madre no valore su lugar de mujer está relacionado con el rechazo materno de la femineidad, la propia y la de la hija.

Esta madre está prisionera de las tareas domésticas y no se ocupa de sí misma como mujer. Es una madre eróticamente infeliz, al igual que el padre.

Sandra no puede visualizar al padre como un objeto de amor valorado a los ojos de la madre; esto le impide darles un lugar simbólico en calidad de hombre y mujer, lo que la lleva a vivenciar el acto sexual como una relación incestuosa e impide hasta el momento cualquier satisfacción genital en sus propias relaciones amorosas.

Necesita mantener siempre un deseo insatisfecho, ya que de otra manera se sentiría humillada por gozar con quien es su rival, y tendría que mostrar sus carencias.

En realidad lo que quiere es ocupar todos los lugares. Si decanta por uno, pierde los otros, si no ocupa ninguno puede sostener la ficción de que los posee a todos.

No puede aceptar en definitiva, que le falte algo.

Dice: “mi mayor deseo es tener un hijo, no relaciones sexuales”.
Su mayor deseo es ese hijo= (falo) que la complete.
De todo esto habla su síntoma.

¿Cuál tendría que ser su trabajo en análisis?: Como toda histérica, tendría que hacer el duelo, no de aquello que ha tenido, sino de aquello que le falta: una madre como mujer eróticamente feliz, un padre como hombre libre de desear a su madre.

Volviendo a la anorexia en general.
Es precisamente por el objeto perdido por el que el sujeto clama y es en la articulación con ello que entra en un circuito de repetición. Ilusión de re-encontrarse con lo que nunca tuvo y que por estructura fue perdido.

Así como clamando en acto, debate su ser, intentando excluir al Otro precisamente para sostener un deseo que le sea propio y así salvaguardarse “de su naufragio”.

Si al crearle una hiancia logra poner al Otro en menos, surgirá en tanto sujeto deseante, única manera de poner una barrera ante la asfixiante comida que insistentemente se le ofrece a la anoréxica.
Y si de algo se queja es precisamente estar llena del Otro, por eso necesita excluirlo, para poder incluirse como deseante.

Para terminar: ¿Cómo debemos actuar frente a un paciente que padece anorexia o cualquier otro cuadro clínico aparentemente ajenos al marco analítico habitual?

La respuesta sería que intentemos comprender sus razones teóricas, es decir estudiar los fenómenos que aparentemente se resisten al análisis.
En el caso de la anorexia, sabemos que un daño corporal y que en casos extremos está en riesgo la vida del paciente.
Aquí debemos actuar interdisciplinariamente (médico, endocrinólogo, nutricionista, etc.). Pero también sabemos que hoy podemos escuchar la anorexia a partir del concepto de deseo insatisfecho.
En el síntoma como lo entiende el psicoanálisis hay una absoluta implicación del individuo, y estos síntomas o sufrimientos cumplen una función de ocultación y muchas veces de evitación de un sufrimiento mayor.

El dolor del síntoma lo que intenta es evitar el reconocimiento de un deseo inaceptable.

Por eso si en psicoanálisis podemos hablar de cura, lo que a diferencia de la clínica médica, no necesariamente significa la supresión del síntoma, lo hacemos en el sentido de que el sujeto encuentre un “saber hacer” con sus propias limitaciones y sobre todo que pueda saber que hay una insatisfacción que es estructural, que deja un vacío que lo acompañará toda su vida.

Curarse significará saber sobre si mismo y cobrar una cierta independencia de su patológica sujeción a los otros.

En cuanto a la anorexia en particular, el cuadro clínico que presentan estos pacientes se puede considerar un cuadro más de la psicopatología y esto independientemente de su estructura, sea esta una histeria, una neurosis obsesiva, fobia etc. lo que determinará la modalidad de la dirección de la cura.

Hasta la próxima!

miércoles, 28 de julio de 2010

LAS REDES SOCIALES Y SUS PELIGROS



PARTE I
Se ha llegado a un estado de tal vacío, de tanta incomunicación entre los sujetos que parece ser que el único medio posible para entablar cualquier relación sea el de las redes sociales por Internet.
Por supuesto esto tiene sus ventajas, paradójicamente, acerca a las personas, sobretodo a las que en la realidad se encuentran a distancias difíciles de evitar, sean cuales sean los motivos.
El tema está, que así como une, también divide, engaña y envuelve.
No hace mucho participé de una red social en Barcelona, un poco por curiosidad, otro poco por querer saber que pensaba la gente, que opinaba de ciertos temas, como enfrentaba muchos de sus sufrimientos, miedos etc.
Lo que ocurre en la realidad, sin más.
Lo de todos, y lo de todos los días.
El hombre tiene algunos temas en común, lo que lo hace un ser racional.
Digo: lo de los temas.
Lo racional no es tan fácil de discriminar: Pero los temas siempre son: El amor, el trabajo, la salud, y de cada uno de ellos se desprenden variantes, distintos matices, diferentes historias, cambian los escenarios, cambian los personajes de acuerdo a sus experiencias. Y esto siempre…siempre acontece indefectiblemente.
Sospechosamente y a partir de mi experiencia en esa red, me encuentro con gente viviendo en un verdadero estadio de pensamiento mágico. Aquel que investigó Piaget, y dieron forma a sus teoría sobre la construcción del pensamiento en el niño.
La idea central de Piaget en efecto, es que resulta indispensable comprender la formación de los mecanismos mentales en el niño para conocer su naturaleza y funcionamiento en el adulto. Tanto si se trata en el plano de la inteligencia, de las operaciones lógicas, de las nociones de número, de espacio y tiempo, como, en el plano de la percepción de las constancias perceptivas, de las ilusiones geométricas.
Concibe la formación del pensamiento como un desarrollo progresivo cuya finalidad es alcanzar un cierto equilibrio en la edad adulta.
El dice: El desarrollo es un perpetuo pasar de un estado de menor equilibrio a un estado de equilibrio superior.
Piaget afirmaba que el pensamiento de los niños es de características muy diferentes del de los adultos. Y que con la maduración se producen una serie de cambios sustanciales en las modalidades de pensar, que Piaget llamaba metamorfosis, lo que equivale a una transformación de las modalidades del pensamiento de los niños para convertirse en las propias de los adultos.
Esas etapas del desarrollo cognitivo son:
1. etapa sensorio-motora (0-2 años) donde los niños muestran una vivaz e intensa curiosidad por el mundo que les rodea.
2. etapa preoperacional (2-7 años) en la que el pensamiento del niño es mágico y egocéntrico
3. etapa de las operaciones concretas (7-11 años), el pensamiento del niño es literal y concreto, pero la formulación abstracta, sobrepasa su captación
4. etapa de las operaciones formales en el nivel adulto, es capaz de realizar altas abstracciones
Me detengo en el segundo punto, en el Pensamiento mágico. Es allí donde he visto con mayor claridad y ante mi asombro, que la gente con edades entre los 40 y 45 años y que participaba en está red expresaba con total nitidez.
No así cuando se hablaba con ellos fuera de la página.
Yendo un poco más allá de esta red virtual, y con el convencimiento que lo que se expresaba allí no estaba muy lejos de lo que verdaderamente constituían sus creencias. Me encuentro hoy que en una red de alcance ya no local sino mundial como facebook, ocurre exactamente lo mismo, muchísimas páginas, muchísimos perfiles, gente interactuando desde distintos países con el mismo pensamiento y las mismas creencias patológicas.
Seres iluminados, maestros provenientes del más allá, profecías, apertura de consciencias, intenciones de cambiar el mundo. En un revivals, patético y penoso de los años 60. Meditación, yoga, imágenes de ángeles, de Jesús, seres alados.
Sólo hace falta poner la palabra “meditación” en el youtube, y un bombardeo de todas estas cuestiones aparece en boca de quienes incluso, en nombre de la ciencia, la metafísica y la física cuántica, provocan en los más débiles e ignorantes transeúntes inter –náuticos, confusión, miedo y hasta en algunos casos la creencia irrefutable de que ellos son los portadores de la palabra de algún mesías que está por venir.
Como es lógico, aparece siempre quien contradiga todas estas creencias. Claro, imponiendo las suyas y así en vez de tratarse de una simple opinión como la que acabo de verter aquí pasa a ser otra creencia más, y por lo tanto el que las formula se convierte en una especie de “mesías” de turno.

PARTE II

Todo esto no nos inquietaría si se quedara en la virtualidad. Si sólo se tratara de un juego o una mera fantasía.
Sin embargo en la mayoría de los casos es llevado a la vida real con los consiguientes daños colaterales. Cuando las risas se acallan, en su lugar aparece el sufrimiento.
En algunos casos existen verdaderos momentos de locura, difícil de detectar por los protagonistas de la historia. Y cuando se les pregunta cuál es criterio que tienen para diferenciar entre la locura y lo racional teniendo en cuenta que viven inmersos en una seudo-cultura su respuesta es, y por lógica, que no lo saben.
Es tal la influencia, de estos charlatanes, tal el temor a un “Apocalipsis” en el 2012 para algunos, que ni siquiera el sentido común los hace reparar en las mentiras, la propaganda consumista en la que están inmersos. Ayudados muchas veces por el alcohol y la droga, terminan envueltos en situaciones de riesgo sin saberlo.
Y si me refiero al alcohol o las drogas es porque reiteradas veces escuché decir que tal o cual sufría alucinaciones por el alcohol, sin saber que el alcoholismo no es la causa sino la consecuencia, de un psiquismo que ya portaba la enfermedad y que con el alcohol se desata irremediablemente.
En otros se trata de una mera confusión de creencias religiosas, metafísicas, que los envuelve en estas situaciones, necesidades afectivas, soledad y necesidad de vivir nuevas experiencias. Seducidos por la novedad o por una falsa forma de pensamiento y consecuentemente de vida, son arrastrados a verdaderas fantasías de cuentos infantiles. Son los menos los que logran salir por su propia voluntad y discernimiento de estas situaciones.
La mayoría termina poblando los Centros de Salud Mental, cuando ya todo se hace irreversible y solo la medicación puede poner un “tapón” a semejante desborde.
Ante esto solo me resta preguntar: ¿qué pasa con las políticas de Salud Mental, que no contemplan este aluvión humano?.
Someten a sus profesionales a la atención diaria de un alto número de personas, lo que generará con el tiempo que estos mismos profesionales, sufran de stress, bourout y enfermedades provocadas, por todas estas cuestiones antes las cuales los políticas de Sanidad hacen oídos sordos.
Ignoro si existen programas de prevención en Salud Mental, me refiero a España principalmente, Si es así y si alguien desea hablar de ellas seria una satisfacción por mi parte que lo hiciera por aquí.
Gracias.

domingo, 25 de julio de 2010

LOS SUEÑOS Y SU INTERPRETACIÓN


En todas las culturas y todas las épocas los sueños han sido envueltos por un gran misterio, tal es así que no dudaron los científicos en interesarse por ellos o los filósofos e investigadores de gran renombre.
Y desde luego no olvidemos a los grandes pintores surrealistas como Dalí. Basándose todos en estas imágenes y vivencias que se nos presentan por las noches en nuestras cabecitas mientras dormimos.

Estas extrañas historias, esta secuencia de imágenes, de historias la mayoría de las veces incoherentes y absurdas, generadoras de profundas sensaciones, o de generar lejanos recuerdos, de algún sitio vienen y algo quieren decir.

El psicoanálisis le da a los relatos de los sueños la misma importancia que el relato de cualquier experiencia.

Y así como en tantas otras ocasiones, no es difícil de que alguien nos relate un sueño y seguidamente nos pregunte. ¿Qué quiere decir?.. Seguramente algo quiere decir pero las cosas no son tan sencillas.

Así como cualquier historia que el paciente relate, los sueños ocupan un lugar importante en el transcurrir de un análisis. Es decir todo lo que el paciente tenga para decir importa y mucho, pues el consultorio es un lugar para su palabra donde se va para hablar y ser escuchado.

Para interpretar un sueño hay que hablar: quien soñó nos dirá su significado, y nuestra función es hacérselo reconocer en sus propias palabras.

Ningún elemento puede ser interpretado fuera del discurso del paciente, es el paciente quien le dará un sentido. Sentido que estará enlazado con parte de su historia.

jueves, 15 de julio de 2010

DE EL PSICOANÁLISIS




El sufrimiento humano necesita ser escuchado dentro de un contexto particular.


El psicoanálisis...


"Cuando se apagan las luces de la razón ilustrada y el ser humano es vertido al abismo del sin - sentido; emerge la palabra como forma y no como sustancia, aparece la posibilidad de nombrar al innombrable. Esta es la gran revolución del pensamiento en el siglo XX, que no habría sido posible sin la obra de Sigmund Freud y su teoría psicoanalítica..."






LOS MITOS EN TORNO AL PSICÓLOGO y AL PSICOANÁLISIS.
Una serie de mitos rodean la imagen del psicólogo. Principalmente del psicoanalista
Pensar que cuando alguien recomienda a otro que acuda a un psicólogo es tratarlo de loco, no hace más que dar cuenta de las confusiones que giran en torno a nosotros, lamentablemente aún hoy en pleno siglo XXI su verdadera función dentro de la Salud Mental, es desconocida por la mayoría de “ciudadanos de a pie” en algunos círculos sociales, en otros sospechosamente relacionado con creencias esotéricas, religiosas, místicas y demás.
De ahí que muchos digan “yo no creo en el psicoanálisis” por lo que no puedo más que aclarar que el psicoanálisis no una religión para que se crea en él o no. Y Parafraseando a Freud, “no es necesario que UD crea en el psicoanálisis, puede no hacerlo, pero lo que sí le voy a pedir es que me diga todo lo que le pase por la cabeza…”. Y así es, no se trata de un sistema de creencias, ni de una teoría, ni de un dogma. Se trata de una praxis. Y si hay algo en que creer esto es; la palabra del paciente.
Por otro lado si de sentido común se trata, cuantos están en situaciones sean laborales, amorosas etc. que quieren revertir y no pueden. La imposibilidad de hacerlo es una de las más frecuentes causas que llevan a consultar al psicólogo, frases como estas se escuchan a diario: “quiero salir de esta relación, se que me hace mal pero no puedo” o “tendría que hacer algo para ganar más dinero, pero no puedo”.
Evitar ir al psicólogo en estas circunstancias no es más que evitar vivir de una manera independiente y responsable.
Otros de los mitos habituales es que los psicólogos nos quedamos callados, que respondemos con un: ¡Ajam!
Si esto es así. Pero si nos quedamos callados es por que estamos escuchando.

Por lo que el paciente debería alegrarse, ya que no son pocos los que vienen con la queja, “mi marido/mujer no me escucha”,“mis hijos nunca me hacen caso”, “mis padres no me tenían en cuenta”etc.
Y si digo alegrarse es porque el consultorio de un psicoanalista es el lugar optimo para ser escuchado, de hecho la regla que rige nuestro quehacer diario es que el paciente hable para nosotros poder escucharlo.
¿Con qué objetivo? Para conocer bien al paciente y para que cuando hablemos lo hagamos con conocimiento de causa, y no digamos cualquier cosa, lo que lo diferencia y que muchos insisten en y que no es así, en una “charla de café entre amigos o colegas”. Nunca más lejano a esto. No se trata de un profesional que nunca dice nada, sino un profesional que escucha atentamente y que hablará cuando lo sienta pertinente. Un profesional que esta el cien por ciento atento a lo que el paciente tiene para decir, un lugar, un tiempo y un espacio que le pertenece a la palabra del paciente.
Por otro lado no es raro que en cualquier lugar donde uno diga que es psicoanalista o psicólogo, alguien termine dirigiéndose a nosotros diciendo:” Tú que eres psicólogo/psicoanalista, deberías saberlo”. Con lo que se nos ubica en un lugar de sabiduría a modo de Oráculo. El psicólogo/psicoanalista, cumple su función como tal dentro de una situación, y relación particular con el paciente, relación que es demandada por el paciente como tratamiento.
Y por último otro de los mitos más frecuente es escuchar decir:” Yo no estoy loco, no tengo porque ir al psicólogo”.
Consultar a un psicólogo, siempre es una decisión absolutamente personal, y quien se decida por optar por ese camino, obtendrá una ganancia, libertad e independencia personal, que por otros caminos le resultará muy difícil poder hallar.
Hasta la proxima!






miércoles, 14 de julio de 2010

LA REVOLUCIÓN PSIQUIATRICA

Ya en el siglo XVIII apareció un esbozo de la psicoterapia moderna, llamado en su época “tratamiento moral”, y que alcanzaría su pleno desarrollo a partir del siglo XIX, con el nuevo enfoque de la Psiquiatría.

El gran médico Théofile Bonet pensaba que la mejor manera de tratar a los melancólicos, para desarraigar su convicción falsa y profundamente enquistada en la psiquis, era actuar sin violencia con el paciente y en sentido contrario a la tendencia que lo afectaba. Recomendaba la prudencia y la moderación. En un sentido semejante, su colega Baglivi proponía recurrir a la influencia de impresiones morales alegres, dulces o vivaces, según la naturaleza de cada caso. Distracciones como la música y la danza subieron al rango de “remedios morales” .
Algunos asilos ensayaban el método de tratar de convencer a los dementes de la inutilidad de sus convicciones. Como parte de la terapia, se consolaba a los melancólicos para que no se abandonaran a la desesperación.
A finales de la época clásica, el movimiento filantrópico que condujo a la Revolución Francesa trajo los primeros anuncios de la gran reforma psiquiátrica en los asilos mentales.
Fue entonces, a partir de la Revolución Francesa para que el mundo viera un cambio dramático en la forma de tratar a los enfermos mentales.
Su mayor exponente en esta reforma fue Philippe Pinel, autor de un cambio decisivo mientras estuvo a cargo de Bicêtre en Paris.
Sin temor ni repulsión hacia los enfermos le demostraba afecto. La fuerza y sinceridad de sus sentimientos le dieron la calma y el valor suficientes para el acto más significativo y simbólico de la reforma psiquiátrica: liberarlos de sus cadenas. Fue un hecho sin precedentes, realizado contra muchos obstáculos, pero que finalmente repercutió positivamente en el mundo entero.

Jamás los muros de un hospital habian sido testigos de una escena tan insólita. Audazmente, Pinel liberó a una cincuentena de pacientes, incluyendo una docena de locos furiosos.
Algunos llevaban encadenados más de 40 años y tenían las piernas casi completamente anquilosadas.
Dentro de la celda de un ex oficial inglés temido por todos y que había matado a un carcelero, Pinel le habló con voz tranquila y firme:
>“Si os quito los hierros y os doy la libertad para pasear por le patio, ¿me prometes ser razonable y no hacerle daño a nadie?...Gozarás de libertad si me permitís deslizar este trozo de tela en lugar de esas pesadas cadenas”.



En esa forma entró en la historia la camisa de fuerza, para reemplazar a las antiguas y crueles argollas, cadenas y correas. Dos años después Pinel puso en práctica la mismas reformas en Salpêtrière.
Puede considerarse entonces a Pinel el fundador de la Psiquiatría moderna. Llevaba anotaciones precisas del progreso de sus pacientes, guiado siempre por su idea de un tratamiento moral, no represivo.
Ejercía una severidad justa con benevolencia y basaba su influencia en la confianza y el razonamiento.
Estaba tan convencido de poder curar a los alienados con sabios consejos
y palabras de ánimo que incluso en los accesos de violencia tenía prohibidos los golpes.



Su obra: “Nosographie Philosophique” les sirvió de manual de trabajo en Psiquiatría a generaciones de estudiantes durante más de 25 años, hasta la llegada de nuevos conocimientos, nuevas teorías y el nacimiento de nuevos paradigmas en Salud Mental.


NIETZSCHE
LA MENTE ROTA: “Así habla Zaratustra” o… ¿LA LOCURA?

El verdadero Nietzsche, de carne, huesos y nervios, era muy diferente a la imagen heroica y arrogante que suelen mostrar sus representaciones en dibujos, pinturas y estatuas, con la frente alta, la mirada de halcón y el fuerte mentón bajo los grandes bigotes de guerrero celta. Esa idea de una especie de superhombre no corresponde a la realidad, sino a la leyenda.



Su aspecto físico se parecía más a un sujeto de espaldas cargadas, con sus ojos oscuros debajo de cristales muy gruesos y el paso indeciso que caracteriza a los miopes. Por su limitada visión, caminaba tanteando, como alguien que viniera saliendo de una cueva oscura. Enfermizo y huraño, probaba desconfiadamente los alimentos, temeroso de cualquier cosa que irritara sus delicados intestinos y excitara sus nervios ultrasensibles. Dejaba completamente de lado el vino, el alcohol, el café, los cigarrillos.
En el historial médico de Nietzsche no está claro si su sistema nervioso sufrió el daño irreversible de una sífilis que contrajo en su juventud. Pero filosóficamente, todo parece indicar que su camino lo llevó a su propia a su propia destrucción, hasta el punto de hacer estallar su mente en pedazos.
Definido a si mismo como “el filósofo del martillo”, fue inclaudicable en su lucha por imponer sus nuevas y revolucionarias ideas, aún a costa de su salud psíquica.

Siempre nadando contra la corriente, hasta en su manera de vivir contradijo la evolución de un hombre normal. A los 20 años era como un viejo, brillantemente erudito, profesor titular en la Universidad de Basilea. Estudioso de las culturas pasadas, disfrutaba hurgando polvorientos documentos, mientras sus compañeros de generación se divertían bebiendo cerveza y haciendo bromas estudiantiles.

A los 27 años publicó su primer libro, “El Origen de la Tragedia”, sin sacarse aún la máscara de seriedad del filósofo convencional. A los 30 años dejó su cátedra universitaria y sus deberes oficiales, para lanzarse a la vida. Bruscamente pasó de la filología a la música, de la sobriedad académica a la exaltación. A los 36 años se había convertido en un escéptico, inmoral, músico y poeta, con una mentalidad y audacia más juveniles que cuando era biológicamente más joven. Consumido por su fuego interior, los cambios se hicieron cada vez más radicales, violentos e imprevistos. Ante la mirada crítica de sus contemporáneas, era un sujeto extraño, dudoso e inclasificable, mezcla de filólogo, filósofo, psicólogo, revolucionario, literato y músico. Desde el comienzo despertó la desconfianza de los intelectuales, porque rebasaba sus límites.

Sus obras tenían un efecto repulsivo en la sociedad. Cada nuevo libro le significa perder una relación. Todos sus amigos se fueron alejando. No encontraba editores en Alemania. Nadie compraba sus obras. Cuando las regalaba impresas de su propio bolsillo, nadie las leía. Su mente se golpeaba contra un muro de silencio y aislamiento. “Esto es mucho más terrible de lo que pueda imaginarse o de lo que haga sucumbir al más fuerte, y yo no soy el más fuerte”, escribió dolorosamente.

Su cuadro clínico resulta demoledor como su filosofía. Sufría terribles dolores de cabeza que lo obligaban a estar postrado en un sofá o en la cama días enteros, espasmos estomacales con vómitos hemorrágicos, atonías intestinales, escalofríos, insomnio y sudores nocturnos. Casi ciego, los ojos le lagrimeaban y se le hinchaban al menor esfuerzo. Su cuerpo era tan sensible que incluso las variaciones climáticas le afectaban el ánimo. A un nivel más profundo, las variaciones repercutían en su psiquis. Se volvió ermitaño, neurasténico e hipocondríaco. Desconfiado de los médicos, ensayó todas las medicinas y tratamientos imaginables: dietas, masajes eléctricos, infusiones, curas hídricas. Calmaba sus nervios con bromuro y luego los estimulaba con otra droga.
Pero al mismo tiempo, despreciaba el cuidado de su cuerpo y trabajaba escribiendo febrilmente. Envuelto en una capa y una bufanda- porque la estufa daba mucho humo y poco calor- con los dedos entumecidos y los lentes casi sobre el papel, escribía velozmente, durante horas, hasta arderle los ojos. Su cerebro se tomaba venganza con dolores enloquecedores y terribles neuritis. Para calmar su mente sobreexcitada, necesitaba somníferos en dosis cada vez mayores.

Los meses de otoño de 1888 fueron los últimos de su vida intelectual y, a la vez, los más exaltados. Sus obras finales las concluyó en diez a quince días, tres semanas a lo sumo. Martirizado por sus nervios hipersensibles, se lamentaba: “Una pistola, en este momento es para mí una idea consoladora…Según ciertos indicios creo cercano un ataque cerebral que me traerá la liberación”. Nadie se ha asomado con tanta osadía y calma al abismo de la locura como Nietzsche: “La intensidad de mis sentimientos me hace estremecer y reír”. Sus pensamientos vuelan peligrosamente. En su delirio, siente que ya no es él quien vive en su cuerpo. Otros seres incontrolables lo dominan. Sus últimos mensajes están firmados con nombres simbólicos como “El Monstruo”. >“El Crucificado”, “El Anticristo” o “Dionisios”. Sus nervios arden: “Ya no soy un hombre, soy dinamita”. Con su cerebro en llamas escribe terribles libelos. Ordena al emperador alemán que venga a Roma para ser ejecutado. Quiere encerrar a su país en una camisa de acero y las potencias europeas inicien una campaña militar contra Alemania.

Finalmente su mente explota sin remedio. En los últimos días de 1888 cae desvanecido en una calle de Turín y nunca se recupera del colapso.
Transeúntes desconocidos lo llevan a su habitación alquilada y durante días es incapaz de moverse ni de pronunciar alguna palabra. Más tarde, hundido en la psicosis, habla en soliloquios, canta y juega solo. Primero es internado en la clínica de Basilea y luego en manicomio de Jena. El psiquiatra Otto Binswanger diagnostica “parálisis atípica”, una condición relacionada con los síntomas de la sífilis en el sistema nervioso. Pero ese diagnóstico es motivo de polémica hasta hoy, porque el agente de la sífilis no fue descubierto sino hasta 1905…

martes, 13 de julio de 2010

Breve historia de la Salud Mental


Se ha confundido indefinidamente en Salud Mental las distintas disciplinas, las teorías, las prácticas.
Su desconocimiento lleva la mayoría de las veces a controversias, distorsiones, discusiones, y hasta enfrentamientos acérrimos, llevando a penosos desencuentros entre disciplinas que deberían nutrirse entre ellas desde su saber.
En verdad, considero que si pensásemos, y recorriéramos un poco su historia entenderíamos mejor las distintas posiciones.
No recuerdo haber escuchado a alguien preguntar desde cuándo se le da importancia a la Salud Mental, cualquiera diría que desde siempre tuvo un lugar de interés, igual que el cuerpo.
Sin embargo no fue así… y aún hoy en algunos países del mundo sigue siendo una preocupación que ocupa el segundo plano en las políticas de salud.
Ignorar aspectos intrínsicos de la Salud Mental es ignorar al ser humano.
Popularmente los dos conceptos: Salud Mental, es sinónimo de locura ¿será que los principios de su historia continúan siendo una impronta en el inconciente colectivo?
No me extraña que así sea.
Quizás un sintético recorrido nos proporcione una idea de sus avances hasta el día de hoy.
PRISIONEROS DE LA MENTE.









Luego que se dejaron de lado las posesiones demoníacas y las causas sobrenaturales como explicación de la enfermedad mental, los enfermos fueron vistos simplemente como antisociales peligrosos y sufrieron un triste destino, encerrados junto a vagabundos y criminales.


Durante un largo período, caracterizado por tiempos tempestuosos, las autoridades se preocuparon más por la seguridad pública que por la suerte de los ciudadanos particulares. El imperativo era, por entonces mantener el orden social, las personas que sufrían cualquier tipo de alteración psíquica eran encarcelados en una explosiva mezcla, compartiendo el mismo recinto con anormales, pervertidos, ladrones, delincuentes, y toda clase de enfermos incurables.

En los asilos y casas correccionales, convivían normalmente los alienados, epilépticos, y psicópatas con criminales y sujetos peligrosos para la sociedad.
Todos estaban sometidos a condiciones miserables y expuestas continuamente a castigos brutales. No era raro que los internos más inquietos pasaran años atados, esposados, amordazados o sujetos con cadenas, apenas vestidos, en celdas húmedas y oscuras.




Vicente de Paul, la primera persona en el siglo XVII que se interesó por mejorar el trato a los enfermos mentales y precursor de los grandes psiquiatras del siglo XIX, creó el Hospicio de San Lázaro inspirado en ideales avanzados. El establecimiento logró un buen nombre mientras el fundador, pero los continuadores de la obra no estuvieron a su altura. Muy pronto, los azotes se convirtieron en la especialidad de la casa. Los alienados eran azotados hasta sangrar cuando los dominaban sus delirantes fantasías, e incluso residentes sanos pero subordinados terminaban perdiendo la razón por los intensos castigos físicos.

Creyendo que los malos pensamientos y las acciones reprensibles eran contagiosos, se aislaba totalmente a los internos del resto del mundo. Pasaban encerrados día y noche, sin salir de su celda ni siquiera para hacer sus necesidades fisiológicas. Los más violentos y furiosos eran cargados de cadenas y atados como animales salvajes.
A Salpêtrière, el hospicio más grande de Europa, llagaban las alienadas que habían sido declaradas enfermas incurables. A menudo, se les ataba de manos y pies, con un gran anillo rodeándoles la cintura, y permanecían semidesnudas en medio de sus propios excrementos. Las epilépticas rugían y se debatían entre cadenas. En invierno, durante las crecidas del Sena, las celdas que estaban al nivel de las cloacas eran invadidas por ratas y a veces atacaban a las enfermas. En las visitas de las mañanas podían verse las mordeduras de los roedores en sus rostros o miembros.

El informe oficial de La Rochefoucauld- Liancorur, en 1790 describía patéticamente la situación: “Se mezclan todas las clases de locura. Las locas encadenadas, que suman un gran número, se mezclan con las locas pacificas: las que sufren accesos de rabia son vistas por las que se hallan en calma: el espectáculo de las contorsiones, del furor, los gritos y los alaridos perpetuos impedían toda forma de descanso a las que lo necesitan y convierten los accesos de esta horrible enfermedad, cosa frecuente, en más vivos, más crueles y más incurables”.

Según los registros más antiguos de Bicêntre, un hospicio-prisión que databa de la Edad Media y que llegó a tener una siniestra fama, convivían en una confusa mezcla epiléptica, irracional, ladrones, lisiados, sarnosos, deformes, enfermos venéreos, paralíticos, soldados inválidos y niños huérfanos. Sólo los alienados pacíficos tenían el privilegio de recibir ropas nuevas: los furiosos debían conformarse con los desechos de otros reclusos.
Muchos permanecían encadenados en sus celdas, cubiertos apenas con harapos, en medio de una terrible humedad.

La situación era semejante en las casas correccionales de toda Europa, sin diferenciar entre vagabundos, delincuentes pobres y locos. Un visitante de un hospicio en Inglaterra testimonió haber visto a hombres completamente desnudos, cubiertos de paja y soportando temperaturas de 16 grados bajo cero.

Una historia locamente real…

En Bedlam, el único establecimiento destinado especialmente a los enfermos mentales, idearon un ingenioso sistema para un paciente especialmente difícil, William Norris, un hombre que quedó registrado en al historia de la Psiquiatría.
El hombre estaba sujeto a una larga cadena que atravesaba el muro y que servía como una especie de traílla para perros. Desde el otro lado un guardia manejaba la cadena, tirándola o aflojándola a su gusto. El paciente tenía aún más limitados sus movimientos por un anillo fijo alrededor del cuello y unido por una cadena a una barra de hierro vertical desde el piso al techo.
En 1814, cuando una comisión especial nombrada por la Cámara de los Comunes visitó Bedlam, los investigadores pudieron constatar personalmente las lamentables condiciones de los internos. Vieron a hombres y mujeres casi desnudos, encadenados a muros por un brazo o una pierna. Uno de los casos más patéticos era Norris, entonces de 55 años y llevaba 14 años sujeto al sistema de cadenas ideados para inmovilizarlo. Aunque fue liberado, murió un año después.




Sin que la terapéutica para las enfermedades nerviosas hubiera avanzado mucho, las sangrías, baños termales y brebajes de yerbas conservaban aún toda su vigencia en los siglos XVII y XVIII

Un respetable tratado enfatizaba la eficacia del “almíbar real de manzanas” para curar “las pasiones melancólicas”. Entre la lista los males del espíritu se incluía también ciruelas, tamarindos, pasas, polipodios, borrajas y buglosa.
Las pociones médicas elaboradas con yerbas eran tan o más complicadas que las recetas de cocina una prescripción para el tratamiento de la melancolía consistía en una pócima con no menos de 27 ingredientes, incluyendo el clásico y preciado eléboro.
Las famosas pastillas de “bezoartick” tenían en su composición una gran variedad de sustancias extrañas y difíciles tenían en su composición una gran variedad de sustancias extrañas y difíciles de conseguir, como cráneo de ciervo y cráneo de hombre de buena salud muerto en el cadalso.
Pero el resultado era óptimo, según el comentario que acompañaba a la receta: “Habiéndose realizado con exactitud estas cosas curaron a un noble caballero”.

“El Mejor Método para el Tratamiento de los Lunáticos”. Un libro best seller en su época proclama los maravillosos efectos del “cleum ciphalium”, una composición de olor picante “aplicable a todas las clases de locura”.
Basándose en la idea de Galeano sobre los humores, aseguraba que el medicamento, aplicado en pleno acceso de furor, “nunca deja de aplacar la excitación de los espíritus animales”.

Entre los remedios vegetales, alcanzó gran fama el “láudano liquido de Sydenham”, una fórmula a base de opio, azafrán oriental, canela y clavos de alhelí, calentada al baño María durante tres días en vino de España. Se consideraban un remedio infalible para el furor y como antídoto para la acidez de los humores. Incluso a mediados del siglo XVIII, prescripciones de tres médicos de Montpellier y otros tres de París aconsejaban para las enfermedades nerviosas el uso de diuréticos, purgativos, tamarindos, almíbar de manzanas, áloes, eléboro blanco, leche de burra, además de sanguijuelas en el ano y sangrías en brazos, pies y yugular.

El mito de la panacea milagrosa y universal enfrentaba apasionadamente a detractores y partidarios del opio. Muy usado para toda clase de dolores de cabeza, algunos médicos señalaban que los preparados de opio, y de narcóticos en general, agudizaban las enfermedades mentales en lugar de reducirlas; en cambio, preferían calmantes como flores de ninfea o violetas. El uso del alcanfor, sólo o con opio, usado como calmante o narcótico, era rechazado por algunos y recomendado por otros.

En el Hospicio de San Lázaro se administraban generosamente narcóticos para tratar a los pacientes inquietos.
Un enfermo paranoico, aunque bastante sensato, relató después de haber permanecido un tiempo en San Lázaro: “…para calmarles, se les hace tomar brebajes que les dejan embrutecidos o les convierten en bestias. Otros internos pacíficos que tienen fiebre o que padecen alguna otra afección sin importancia son obligados a tomar medicinas parecidas y en poco tiempo se vuelven estúpidos y pierden enteramente la razón que, a menudo, jamás vuelven a recuperar”.

Además de las pociones para beber, había fórmulas de diversas sustancias para aplicarse exteriormente. “Frotar la cabeza muchas veces al día con vinagre en el que se hayan cocido hojas de hiedra bien machacadas”, recomendaba un autor, y agregaba a su método la aplicación de compresas de agua fría o, más violentamente, poner al paciente bajo una cascada por tanto tiempo como tuviera fuerzas para resistirlo.

La creencia en el efecto benéfico del agua para aliviar las perturbaciones mentales fue aplicada en muchas formas y modalidades terapéuticas. La gente escuchaba maravillada el caso de una persona maníaca que, luego de hacer un largo recorrido a pie, bajo una lluvia violenta, sin sombrero y con escasa ropa, recobró su normalidad casi instantáneamente. Nadie ponía en duda que una recuperación tan rápida y completa se debía al abundante golpe de agua fría, justo “cuando la sangre bullía, la bilis se agitaba y todos los líquidos amotinados repartían la irritación por todas partes”, explicaban los especialistas.

Las curas termales, una terapia de moda entre la gente de sociedad en el siglo XVIII, se prescribían para toda clase de enfermedades nerviosas.
Según las ideas del médico francés Pomme, los baños, termales eran beneficiosos para “humedecer las fibras resecas”. Pero, además de los aspectos médicos, la terapia encontraba fundamento en una antigua idea moral: purificación del alma por la inmersión que lava y renueva...